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Pediatria de la Academia

Intentos suicidas en adolescentes: herramientas para personal de salud

Resumen
El suicidio es un grave problema de salud pública. Consiste en quitarse la propia vida deliberadamente y es una de las principales causas de muerte a nivel mundial. Se estima que cerca de 703,000 personas mueren al año por suicidio en el mundo. Para poder prevenir el suicidio es muy importante identificar a las personas que se encuentran en riesgo para ayudar en el desarrollo de estrategias de prevención y trabajar con quienes están pensando en suicidarse o que ya lo han intentado.

Para poder dar atención sensible a las personas que han intentado suicidarse, la OMS propuso un procedimiento para su manejo en la Guía de intervención mhGAP en el nivel de atención de salud no especializada. Hay que tener en mente que cada suicidio es una tragedia; sin embargo, todos podemos ayudar a prevenirlo.
Palabras clave: suicidio, intento de suicidio, salud mental, prevención.

Abstract
Suicide is a serious public health problem. It consists of deliberately taking one’s life and is one of the main causes of death worldwide. It is estimated that around 703,000 people die by suicide every year in the world.


In order to prevent suicide, it is very important to identify people who are at risk to help in the development of prevention strategies and to work with those who are thinking about suicide or who have already attempted to take their own life.


In order to provide sensitive care to people who have attempted suicide, the WHO proposed a procedure for its management in the mhGAP Intervention Guide at the level of non-specialized health care.
Keep in mind that every suicide is a tragedy; however, we can all help prevent it.


Key words: suicide, suicide attempt, mental health, prevention.

Introducción
Actualmente el suicidio es un grave problema de salud pública que requiere atención urgente por parte de los países, las comunidades y las personas, ya que afecta a individuos de todos
los sexos, edades y regiones del mundo, tanto de manera directa a quienes lo cometen, como indirecta a sus familiares, amigos y comunidades, los cuales sufren un impacto profundo y de gran alcance por la pérdida de sus seres queridos, incluso mucho tiempo después del suceso.1
Los profesionales de la salud tenemos la oportunidad de prevenirlo e identificar oportunamente a quienes están en riesgo.

Algunos conceptos clave
El suicidio es el acto de quitarse la propia vida deliberadamente, es decir, se considera suicidio toda muerte que resulte directa o indirectamente de un acto positivo (realizar una acción) o negativo (dejar de hacerla) ejecutado por el propio individuo en conocimiento de que habría un resultado fatal.2,3

Los intentos de suicidio son actos con un fin no fatal de autoperjuicio infligido, por lo general con autolesiones o envenenamiento, con intención autodestructiva, aunque sea vaga o ambigua. Algunas personas y organizaciones llaman parasuicidio o conducta parasuicida a los intentos de suicidio2 y su frecuencia es mucho más alta que la del suicidio consumado.


En general se estima que por cada suicidio hay al menos 20 intentos.4 Las autolesiones se refieren al envenenamiento y las lesiones autoinfligidas de manera intencional, que pueden o no tener intención y consecuencias fatales.2

El suicidio y los intentos suicidas se encuentran fuertemente relacionados con la ideación suicida, que consiste en los pensamientos acerca de la voluntad de quitarse la vida, con o sin un plan elaborado para hacerlo. La ideación suicida por lo general se manifiesta como amenazas de suicidio, que se entienden como la expresión verbal o no verbal de la posibilidad de un intento de
suicidio o suicidio consumado a futuro.3


Al revisar estos conceptos se puede ver que las conductas suicidas son mucho más amplias que el acto del suicidio consumado. Por lo general, ocurren en un proceso que inicia con la ideación suicida sin planes definidos, posteriormente se establece un plan o al menos se elige un método y después se realizan intentos que pueden tener o no consecuencias fatales.


Con frecuencia, las personas expresan su intención con amenazas suicidas desde que comienza la ideación y es necesario prestarles atención y ayuda desde ese momento.1

Epidemiología del suicidio
El suicidio es una de las principales causas de muerte a nivel mundial. Se estima que
cerca de 703,000 personas mueren al año por suicidio en el mundo, es decir, al menos una de cada 100 muertes (1.3%) en 2019 fue producto del suicidio, lo que supera las muertes causadas por paludismo, VIH/SIDA, cáncer de mama o guerra y homicidio. La tasa estandarizada de suicidio mundial fue de 9 por cada 100,000 habitantes para 2019 y por países, las tasas variaban ampliamente desde menos de dos muertes hasta 80 por cada 100,000 habitantes.6

En las personas de 15 a 19 años a nivel mundial, el suicidio fue la cuarta causa de muerte para ambos sexos, después de los accidentes automovilísticos, la tuberculosis y la violencia interpersonal;6 en la región de las Américas, el suicidio fue la segunda causa de muerte en personas de 10 a 19 años, con una tasa de suicidio estandarizada para América Latina de 4.1 por cada 100,000 habitantes.7

En México, el suicidio en los adolescentes se identifica como un problema creciente desde la década de 19908 y
para los adolescentes entre 10 y 17 años, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó en 2021 que los hombres tuvieron una tasa de suicidio
de 5.2 por cada 100,000 habitantes y las mujeres de 3.6 por cada 100,000 habitantes 9

Importancia de la prevención y atención
Conocer los datos epidemiológicos sobre suicidio es relevante, ya que muestran su amplia dimensión e impacto sobre la población mundial, con una carga que no sólo afecta al sector
salud, sino que se extiende a muchos sectores y sobre todo a la sociedad en su conjunto. Por esta razón, la Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca la importancia de la prevención
del suicidio en su Plan de acción sobre salud mental 2013-2030, en el que se anima a los países a realizar esta labor con el uso de acciones planeadas desde un enfoque multisectorial y que aborden al suicidio de forma integral usando intervenciones oportunas y eficaces basadas en datos científicos, tratamiento y apoyo.2,10

En la actualidad, los países miembros de la OMS se han comprometido a realizar acciones de prevención del suicidio que les permitan reducir las tasas del mismo en una tercera parte para el año 2030,2 con acciones a nivel de población, subpoblación o grupos específicos e individuos.


Una de las primeras acciones que se puede generar para la prevención es la sensibilización y creación de conciencia sobre el problema, por lo que la OMS propuso que el día 10 de septiembre sea considerado el Día Mundial para la Prevención del Suicidio.11


Tomando en consideración que el Día Mundial para la Prevención del Suicidio es exactamente un mes antes del Día Mundial de la Salud Mental, se lleva a cabo una iniciativa con duración de un mes, que tiene como objetivo hacer hincapié en el problema del suicidio en relación con los datos globales clave, por medio de vídeos animados, folletos y recursos dirigidos a grupos de población clave como: cuidadores, personal de respuesta a emergencias, empleadores y trabajadores de la salud.11

El Día Mundial para la Prevención del Suicidio entre los años 2021 y 2023 estará dedicado a “Crear esperanza a través de la acción”. Con la campaña se generaron una serie recursos (cuadro 1) y
materiales (https://www.paho.org/es/temas/prevencion-suicidio), que se encuentran disponibles
para compartir en redes sociales y sitios web; se
pueden descargar sin costo.


La campaña de la OMS se centra en la estrategia LIFE (“vida” en inglés), que en español se llama “Vivir la vida”. Esta estrategia se centra en las siguientes acciones principales para la prevención del suicidio, que son: (1) limitar el acceso a los medios de suicidio; (2) interactuar con los medios de comunicación para una información responsable; (3) desarrollar las aptitudes para la vida de los jóvenes; y (4) detectar a tiempo a todas las personas afectadas.11


En México, la Secretaría de Salud, a través del Secretariado Técnico del Consejo Nacional de Salud Mental (STCONSAME), con representantes de las 32 entidades federativas, celebra la Semana Internacional para la Conmemoración del Día Mundial para la Prevención del Suicidio a partir del año 2020, con un foro y ciclos de conferencias que podían ser seguidos en redes sociales respecto al tema y que actualmente están disponibles en la plataforma de YouTube en la siguiente liga de acceso https://www. youtube.com/watch?v=oPxRyEwkr-c.

Para poder prevenir el suicidio a nivel personal, es muy importante poder identificar a las personas que se encuentran en riesgo mediante señales de alerta, es decir, los comportamientos que
indican que la persona puede realizar un intento de suicidio, y los factores de riesgo, que son las condiciones de vulnerabilidad de la persona y que hacen más probable que tenga un comportamiento suicida.12

Señales de advertencia sobre suicidio
Las señales de advertencia son comportamientos de distintos tipos, por ejemplo: el contenido de lo que la persona habla, la expresión de la forma en la que se siente o comportamientos específicos que se adquieren o se intensifican súbitamente. Cuando se identifican estas señales se debe hablar con la persona con una escucha atenta y alentarla a que consiga ayuda profesional (Figura 2).

En México, un recurso de emergencia confidencial, gratuito, que no requiere documentación específica, que funciona a nivel nacional las 24 horas y los 365 días del año y con el que se puede brindar ayuda para este tipo de problemas es el Centro de Atención Ciudadana “La Línea de la Vida”, ya sea por vía telefónica al número 800 911 2000 o por correo electrónico a la dirección lalineadelavida@ salud.gob.mx


Factores de riesgo para suicidio identificados para adolescentes
El suicidio es un fenómeno multifactorial y complejo que no puede ser explicado por una causa única; sin embargo, se han identificado distintos factores de riesgo para los distintos grupos poblacionales.

Se sabe que los grupos que sufren discriminación y marginalidad tienen un riesgo particularmente mayor; entre estos destacan los adultos mayores, los adolescentes y los adultos jóvenes, que son especialmente vulnerables al impacto emocional, sobre todo si han sufrido abuso sexual, acoso escolar o cualquier otro tipo de maltrato.12 El suicidio en los adolescentes se relaciona con distintos factores de riesgo de naturaleza variada y que se pueden clasificar en: (1) características sociodemográficas; (2) historial previo de conductas suicidas; (3) factores psicológicos; y (4) contexto sociocultural de la persona.

Entre las características sociodemográficas se incluyen: el sexo (en el mundo se reporta que los hombres se suicidan más, aunque las mujeres realizan más intentos no consumados);6,14 la
edad (los adolescentes menores a 16 años realizan un mayor número de intentos;14 y vivir en condiciones de pobreza y vulnerabilidad.12,14

Con respecto al historial de conducta suicida, se ha identificado como factor
de riesgo tener un intento previo de intento suicida, especialmente si este
ocurrió en los 2 años previos, con un mayor nivel de riesgo en el último año y
aún mayor en los primeros 3 meses.11

Los factores psicológicos relacionados son: sufrir de alguna condición de salud mental, como la depresión;14,15 no saber manejar correctamente las emociones;15 baja autoestima;14 y tener un
historial familiar de enfermedad mental.12 Los factores contextuales que pueden incrementar el riesgo de suicidio están relacionados con haber experimentado violencia, especialmente sexual;15 ciberacoso o ciberbullying;16 acoso escolar o bullying;17 consumo de sustancias psicoactivas, en especial el alcohol y tabaco;2,15,17 presencia de problemas económicos;17 y problemas familiares.15

Conocer los factores de riesgo puede ayudar en el desarrollo de estrategias de prevención y también a nivel individual, para trabajar con las personas que están pensando en intentar
suicidarse o que lo han intentado, ya que si se disminuyen estos factores, sus condiciones pueden mejorar.

Para poder trabajar con las personas que han intentado suicidarse primero es necesario dejar a un lado una serie de creencias comunes que son falsas sobre el suicido y que dificultan su atención y prevención.

Creencias erróneas comunes que dificultan la atención y prevención de las conductas suicidas
Existen distintos mitos o creencias erróneas sobre el suicidio (Tabla 1) que dificultan la atención de las personas que han intentado suicidarse y sobre los que se debe sensibilizar para evitarlos
y poder ayudar.

¿Qué hacer si eres personal de salud y atiendes a una persona que ha intentado suicidarse?
Para poder dar atención sensible a las personas que han intentado suicidarse, la OMS propuso un procedimiento para su manejo en la Guía de intervención mhGAP (https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665 .2/34071/9789241549790-spa.pdf?sequence=11&isAllowed=y) para los trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias en el nivel de atención de salud no especializada.2

El procedimiento contempla cinco pasos:

  1. Evaluar si la persona se encuentra médicamente estable; si no es así, activar el protocolo 1 atendiendo las lesiones o intoxicaciones en un ambiente seguro y sin dejarla sola.
  2. Evaluar si la persona tiene riesgo inminente de autolesión o suicidio; si es así, activar el protocolo 2 y atender el riesgo con las condiciones de desesperanza y desesperación extremas, pensamientos/planes/actos de autolesión o suicidio.
  3. Evaluar si hay trastornos de salud mental (depresión, psicosis, ansiedad o trastornos conductuales del niño y adolescente), neurológicos (epilepsia) o de consumo de sustancias (alcohol) prioritarios; si es así, atender estas condiciones con el protocolo 2.
  4. Evaluar si la persona padece dolor crónico y tratarlo con el protocolo 2.
  5. Evaluar si la persona tiene alteraciones emocionales graves; si es así, atender estas condiciones con el protocolo 2; si no es así, activar el protocolo 3 y activar el apoyo psicosocial de la persona, consultar a un especialista en salud mental si es factible y mantener contacto regular y seguimiento periódico.2

Conclusión
Cada suicidio es una tragedia, pero todos podemos participar en su prevención escuchando y dirigiendo a la persona hacia la atención profesional adecuada.

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